Relato: La Mensajera

—Entrégate, no lo pienses, déjate llevar, mientras más la busques, más te huirá. ¿Es que no entiendes que es escurridiza? Le gusta la caceria, ser la presa. Fluye, no lo pienses, si piensas mucho la asustaras.

—Pero…¿y si no viene nunca? —le cuestioné.

—Sí lo hará, ya lo sabes. Es tu amiga, no te es una extraña. Cuando has estado triste, solo, ha venido a visitarte. Cuando has sido feliz se ha asomado. Pero recuerda, no la busques, ella ya vendrá sola. Simplemente, dejate llevar y ella sentirá tu paz, ella percibirá que estás abierto a ella, a su espera, sin presión, sin prisas, sin reglas, sólo tú y ella. Tienes que estar listo para su encuentro, y cuando llegue, no hará falta presentaciones. Te poseerá.

—Pero ¿por qué te envía a ti? ¿No deberías ser, perdona, no quiero ofenderte, alguien más, más…agraciado?

—Yo no lo pedí, fue ella quien me eligió. Yo solo soy lo que soy, pero hoy además soy su mensajera. Pero, por tu pregunta, ya veo la raíz de tu problema. ¿De verdad crees que ella es tan fácil? ¿tan obvia? ¿Tan superficial? ¿Crees que sólo es amiga de lo “estilísticamente aceptable”? Veo que no la conoces. Precisamente, esa es su gracia, su esencia, eso es lo que la hace tan tremendamente preciada y anhelada. Ella sabe sacar lo mejor de todo, y todos, incluso de seres como yo. Hoy a mi me eligió y me sacó de mi aburrida rutina y me encomendó una misión, darte este mensaje. Dime, ¿Lo aprovecharas? —gritó mirándome fijamente a los ojos.

Y no fue hasta ese momento que me fijé en su particularidad. Tenía unos grandes y verdes ojos, eran de un verde intenso, el verde más precioso que había visto en toda mi vida. Era un verde esperanza, un verde vida, un verde riqueza. Justo ahí lo comprendí. Había belleza en ella. Había algo de ella en su mensajera.

Comencé a sentirla. Miles de posibilidades inundaron mi cabeza. “Podría ser el verde de las palmeras en una playa desierta con dos enamorados entregándose a su amor, hasta ese momento imposible” “O el verde de la Esmeralda Suprema, por la que un heroico duende luchará”. “O mejor aún, el verde de la sangre del héroe que salvará a la humanidad”.

Vi tanto en ella, vi tanto en los ojos de aquella, hasta ese momento, insignificante mosca.Una simple y llana mosca que hoy había venido a hacía mi como mensajera

—Dime ¿Lo aprovecharas? —insistia.

—¡Sí, lo haré!. —grité con todas mis fuerzas, poniendo toda mi fe en la afirmación—. ¡Lo haré! ¡lo haré! ¡Lo juro que lo haré!—. y desperté.

Y desde entonces, aquí estoy escribiendo, dejándome llevar, dejándola ser, sin reglas, sin plan, preparado, acatando tu mensaje, aquí estoy, a tu espera, Inspiración.

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